Las habilidades que hoy definen la calidad de la mesa
Se habla poco del rol de presidente de un directorio y sobre cómo no sólo pesa la experiencia y prestigio de quien ejerce ese rol, sino que también su habilidad para diseñar la conversación correcta.
En un contexto donde los directorios chilenos evolucionan en composición —más diversidad, mayor recambio y nuevos estándares de independencia— el rol del presidente se vuelve decisivo.
De coordinador formal a diseñador estratégico
El artículo de Harvard Business Review, “The Skills Board Chairs Need Now”, plantea que el presidente efectivo ya no es una figura ceremonial ni un simple moderador. Es un arquitecto estratégico.
Su primera tarea es diseñar la agenda con visión de futuro. No basta con revisar estados financieros y cumplir exigencias regulatorias; debe asegurar que el directorio dedique tiempo suficiente a los temas que anticipan riesgos emergentes y oportunidades estructurales.
Además, el presidente debe gestionar dinámicas de poder cada vez más complejas: controladores, independientes, ejecutivos con experiencia operativa, miembros internacionales. En Chile, donde solo el 25,3% de los directores tiene calidad de independiente bajo la legislación vigente, (Spencer Stuart, 2024) la capacidad de equilibrar voces es especialmente crítica.
La independencia real no se garantiza con la etiqueta, sino con la conversación.
Supervisar sin invadir
Otra de las habilidades clave es la capacidad de supervisar al CEO sin transformarse en gerente en la sombra. La línea es fina.
Esto implica formular preguntas exigentes, exigir información de calidad y sostener conversaciones difíciles cuando sea necesario, sin erosionar la confianza.
El poder invisible: definir el tono
El mayor impacto del presidente no siempre es visible en el acta. Se expresa en el tono que instala: si se privilegia la prudencia o la audacia, si se tolera la ambigüedad, si se permiten preguntas incómodas, si el tiempo estratégico se protege frente a la urgencia operativa.
En un entorno marcado por incertidumbre política, presión regulatoria y transformación tecnológica, la arquitectura de la conversación se vuelve un activo estratégico.
El presidente del directorio no define únicamente quién habla. Define qué temas entran a la mesa, cuáles se postergan y cuáles se problematizan en profundidad.
En definitiva, la calidad de un directorio depende tanto de quienes se sientan en la mesa cómo del diseño de la conversación que ocurre en ella.